El vermouth italiano original

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MARTINI CONOCE A ROSSI


MARTINI® captura la chispa que inspiró a dos hombres a embarcarse en una larga búsqueda para dejar su huella en la cultura italiana. Alessandro Martini, un animado emprendedor con visión global, y Luigi Rossi, un inspirado creador que, con sus extractos de hierbas fragantes, cautivaría olfatos por toda la Dora Grossa de Turín... Corría el año 1863 cuando su reciente sociedad se manifestó en su primer vermouth: el MARTINI® Rosso. Esta fórmula original se mantiene igual hasta el día de hoy.

CONOCÉ A NUESTRO QUERIDO ROSSO

‘VOLERE È POTERE’


Estas son las palabras inmortalizadas en la entrada de Casa Martini. “Querer es poder”: la frase refleja la visión compartida de Alessandro Martini y Luigi Rossi de representar lo mejor de la calidad y el estilo italianos.

NUESTRO HOGAR: PESSIONE


Desde 1864, los campos de Pessione al norte de Italia son el lugar que nuestros corazones llaman hogar. La línea ferroviaria Turín-Génova que pasa justo al lado fue un factor decisivo en nuestra ambición de expansión. Generaciones de familias han colaborado para que Martini sea lo que es hoy. Los rostros de la gente del lugar rebosan de orgullo, y en el aire se respira el dulce aroma de nuestro vermouth.

ACOMPAÑANOS EN CASA MARTINI

LOS MAESTROS MARTINI® DE HOY


Nuestros artesanos de hoy son la octava generación de maestros MARTINI®. Cada uno sigue los pasos de su antecesor. Todos ellos son dedicados artífices y custodios de la calidad y la integridad de MARTINI®. Las únicas tres personas en todo el mundo que conocen la receta original del Sr. Rossi.

UNA MEZCLA SECRETA


La receta original de MARTINI® está bien cuidada y permanece bajo llave. Nuestros maestros la reconocen solo por el olfato y el gusto. Son más de 500 las muestras botánicas que pasan por la nariz de Ivano cada año, y únicamente la combinación de su experiencia y la de Beppe pueden mantener vivo el legado de Luigi Rossi.

PROBALO COMO LUIGI LO CONCEBIÓ

VINO Y EXTRACTOS DE HIERBAS FRAGANTES


Ninguno de ellos puede faltar en el vermouth. Juntos, provocan los sentidos con su inconfundible sabor, aroma, textura y color. Nuestros vermouths mezclan vino trebbiano de Emilia Romagna y vino catarratto de Sicilia, a los cuales añadimos nuestra maestría herborista. Las hierbas aromáticas, frutas fragantes, maderas exóticas y especias cautivantes se combinan en diferentes cantidades y formas para producir “blends secos”. La interacción entre estas hierbas en el proceso de extracción crea un sabor único para cada expresión de MARTINI®.

ESTA ES SU ÚLTIMA MEZCLA

VIVA SPUMANTE


Las colinas que rodean Asti, en Piamonte, fueron testigo de la primera aparición de los vinos espumantes en 1850. Aquí también es donde se encuentra nuestra bodega, en Santo Stefano Belbo. El mercado atrae a 300 viticultores, muchos de los cuales han trabajado con nosotros por generaciones cosechando el moscato blanco de las “colinas doradas”.

ARTE, BELLEZA Y MAGIA


Un verdadero catalizador para la cultura. Nuestro precursor departamento de arte creó pósters de MARTINI® que, hoy en día, se consideran piezas clásicas del patrimonio italiano. Las obras incluyen colaboraciones con diseñadores y artistas célebres, sin olvidar las estrellas de la gran pantalla y MARTINI®.

BIENVENIDO A LA TERRAZZA...


En las ciudades más importantes de Europa, la TERRAZZA® MARTINI estaba en boca de todos, ya fuera para la apertura o para el cierre de cualquier evento artístico y cultural que tuviera lugar en Milán durante los años 50 y 60. Era, sin duda, el “quién es quién” de los íconos culturales, a tal punto que las fiestas en las terrazas se volvieron el lugar más emocionante —y, a veces, el más osado— al que iba la gente en pleno apogeo del glamur.

EL SABOR DE LA TERRAZZA

CON LAS MANOS SOBRE EL VOLANTE


Al igual que con la cultura, siempre sentimos gran afinidad por las mejores expresiones del deporte. Por eso, desde hace mucho tiempo, el automovilismo forma parte de nuestro ADN. La ráfaga de emociones, la intensidad del momento, la pureza de las reacciones... La primera vez que nos dejamos seducir por la velocidad fue en el Gran Premio de 1925 y, desde entonces, no hubo marcha atrás.